Al inicio del capítulo 1x01 podemos ver a un Merlín altivo que le dice a Arturo: "no tienes idea de lo que puedo hacer" e incluso más adelante menciona “puedo derribarte con menos de un golpe".
A lo largo de las primeras temporadas vemos a un Merlín que se duele de que no le reconozcan sus talentos o sus acciones heroicas. Sin embargo, conforme va a avanzando la serie, notamos que cede de manera más fácil, rápida y voluntaria, el crédito. Es más, se da cuenta que “es mejor servir a un hombre bueno que regir con uno malo". Y aunque Merlín se ve tentado muchas veces a abusar de su poder se aferra a lo que sabe que es su destino; sabe que no se trata de lo quiere Merlín, o de lo que es más cómodo para Merlín sino del futuro que quiere construir para Albion.
Merlín no lo sabía pero el ser sirviente de Arturo, el ser invisible para el mundo le permitió no solamente salvar al único y futuro rey sino moldear su carácter para recibir el poder que le estaba reservado.
El amigo de Arturo vió el fin de grandes magos, que, sedientos de poder ambicionaron lo que estaba más allá de sus límites y lo único que obtuvieron fue la muerte. Todo esto guió a Merlín a forjar una actitud de humildad.
En el capítulo “Siervo de dos amos" cuando Gwain y Arturo buscan a Merlín. El caballero dice: “sabes qué me gusta de Merlín? Que hace todo sin esperar nada a cambio". Lo maravilloso de esto es que Gwain nota esto de Merlín aún sin saber todo lo que ha hecho por Camelot con ayuda de su magia.
Al atravesar por todas estas experiencias Merlín, en la cúspide de su poder, puede decir “Estoy orgulloso de ser tu sirviente y no cambiaría ni un momento de ello".
¿Cuál es el punto? Merlín supo que sus dones tenían un objetivo y no era complacerse a sí mismo, u obtener fama o poder, sino servir a los demás. Así nosotros, en los cristianos mora el Espíritu Santo y nos da dones sobrenaturales, no para volvernos famosos y ricos sino para servir a los demás de una forma específica. Sólo cuando nos rendimos a Dios y somos humildes podemos desarrollar nuestro máximo potencial. No para nosotros sino para forjar el reino de Dios, porque es nuestro placer servir a quién nos salvó, aún si somos invisibles y nadie nota nuestro esfuerzo.

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